La peregrinación del Señor de Colloriti
Uno de los rituales más
pintorescos y auténticos que puede vivir quien busque vuelos baratos a Cuzco y
se desplace desde allí hasta Mahuayani, para subir a la pampa de Sinakara, es
la peregrinación del Señor de Colloriti (KoyllurRiti
en el original quechua, que significa la Estrella de las Nieves).
Es una forma de festejar la Noche de San Juan (21
de junio) en claro sincretismo con la tradición religiosa precolombina, ya que
desde tiempos ancestrales el lugar que ahora ocupa la ermita era un santuario
indígena. Y la fecha es clara: en una zona donde se adoraba el sol, la llegada
del solsticio de invierno (invierno
austral, verano en nuestro hemisferio) significaba la ausencia o debilitamiento
del astro rey por un tiempo.
Después, ya con el cristianismo extendido,
surgió la nueva versión. Fue a finales del siglo XVIII, cuando se corrió la voz
de que se había aparecido Cristo crucificado reflejado en una roca,
la misma donde un misterioso niño mestizo ayudó a un pastor indio de alpacas y cuando
éste volvió más tarde con ropa para pagarle el favor no fue capaz de encontrar
más que la imagen divina.
Así pues, cada mes de junio esos montañosos
parajes andinos siguen recibiendo adecenas de miles de peregrinos procedentes
de todo Perú,
gentes del más varipinto pelaje que acuden de día o de noche, iluminados por
velas y esgrimiendo banderas, reuniéndose en los alrededores y acampando donde
pueden con la intención de ascender luego lo que queda hasta el santuario: doce
kilómetros salpicados de otras tantas huacas con
cruces, que hacen el papel de estaciones.
Hojas de coca, bebidas alcohólicas, bailes
folklóricos, hogueras y todo tipo de métodos que puedan brotar de la
imaginación sirven para combatir el frío cortante
que llega impulsado por los vientos de la sierra. Un colorista espectáculo
reforzado por los trajes tradicionales que visten muchos de ellos, pauluchas o
bailarines que representan a sus respectivos pueblos, y que se hace más patente
al amanecer, cuando sube la temperatura y ya no hace falta acurrucarse bajo
mantas o en improvisadas tiendas. Es entonces cuando se sube en grupos a la ermita para
dejar velas encendidas y luego continuar un poco más hasta una roca donde se
halla una imagen de la Virgen, descendiendo después por un camino señalizado
mediante una cruz.
Hay otros dos momentos curiosos en los
festejos. Uno es el mercado en el que se comercializan exvotos en
dibujo o piedra con formas de lo que esperan que les conceda la Virgen,
depositándolos más tarde junto a la talla de ésta en una especie de práctica demagia simpática. El otro, contemplar
cómo algunos descienden del glaciar cargando a sus espaldas grandes bloques de hielo que,
cuando se funda, constituirá un agua de poderes terapéuticos al proceder de un
lugar sagrado.
Todo esto tiene lugar los días
inmediatamente anteriores al 21 de junio. El último capítulo llega la noche de
San Juan, cuando desde allí se hace otra peregrinación a la aldea deTayankani. Se desarrolla toda una tarde
pero también de noche, tras la cual se contempla el amanecer entre rezos y
plegarias saludando el regreso del sol.
QOYLLURRITY
comienza en los años 1780 aproximadamente, en la localidad de MAHUYANI del
Distrito de Ocongate, donde vivía una familia de apellido MAYTA, quienes tenían
2 hijos, el primero de ellos de 18 a 20 años de edad, y el menor de 12 a 14
años, este último llamado Mariano, quienes apacentaban sus ganados y además
vivían solos en la cabaña situada en la hoyada de Sinak´ara, al pie del nevado
de Qolqepunco; conforme pasaba el tiempo, el hermano mayor abandonaba
continuamente a Marianito, es por ello que él decide ir a comunicar tal
situación a su padre en Mahuayani, pero cuando iba por medio camino, su hermano
lo encontraba y lo regañaba, además de acusarlo de desobediente y ocioso, con
su padre, por lo que Marianito era regañado y volvían a la cabaña, pero la
historia se repetía, y volvía a dejarlo solo, es cuando Mariano decide
transmontar el nevado para que su hermano no lo encuentre a medio camino,
cuando se dirigía hacia el nevado, se encontró con un niño de raza blanca, casi
de la misma edad que él, a quien le comento lo que sucedía y que estaba
dispuesto a atravesar el nevado, para encontrar a su padre, o irse a cualquier
otro lugar y no volver a pasar por lo mismo; entonces el niño le aconseja no
hacerlo, además le ofrece algo de pan, compañía y ayuda en sus tareas de
pastoreo e hilado de lanas; Marianito acepta y regresa a su cabaña, ya por la
mañana va con sus ganados al lugar donde acordaron encontrarse, y juegan,
conversan y cantan; y así fue durante mucho tiempo.
Fue por un vecino de la comarca, que, después de muchos meses, el padre de Marianito se entero de lo que sucedía, y, a pesar de ser anciano y estar enfermo, el padre de Marianito acudió a constatar tal hecho, al llegar al la cabaña, grande fue la sorpresa de solo encontrar a Marianito solo, y no así al hijo mayor, y le pregunto a su hijo todo lo que había pasado, este le conto que tenia un amiguito que le ayudaba a pastear el ganado y le proporcionaba pan todos los días después de encontrarse al pie del peñón; el padre quiso que Marianito averiguara el nombre y de donde era el niño que lo acompañaba. Es así que Marianito al encontrarse con su amiguito le pregunta de donde era, y este responde “De Tayankani”; y también le pregunta porque su ropa no envejecía y nunca se cambiaba, pero al día siguiente el niño aparece con el vestido roto, y le dice que no tenia otro para cambiarse, Marianito se ofrece a conseguirle uno nuevo, con misma tela de la de su anterior vestido, pero no había en esos lugares, así que Marianito encargando a sus animales, enrumba a Mahuayani, y le comenta todo a su padre, quien acepta comprarle la tela para hacer el vestido nuevo, así Marianito, marcha a Cusco para buscar la tela, llegando con el Obispo Monseñor Moscoso, quien lo envía a buscar al Párroco de Ocongate, Sacerdote Pedro de Landa; junto con una carta, en ella el Obispo instruye al Sacerdote a averiguar la procedencia de esta vestimenta, es así que el Sacerdote y una comitiva buscan sorprender a quien suponen es sacrílego, pues las prendas que vestía solo se usaban para Vestir imágenes religiosas; cuando por fin llegan cerca de la cabaña de Marianito, efectivamente ven al muchacho, pero acompañado de otro desconocido, quien despedía una luz refulgente por la cual los hombres no podían ver nada, fue entonces que el niño, huyo hacia la roquería, los hombres con el sacerdote a la cabeza lo rodean, este último, al extender las manos tocó un árbol de Tayanka, al levantar la mirada, ve que de el pende el cuerpo del Señor en momentos de agonía, con las llagas manando sangre y la vista hacia el cielo, por lo cual el sacerdote y toda su comitiva inclinan la cabeza pidiendo perdón por lo sucedido; mientras tanto Marianito que desesperado llega a ver la sangre y al no ver a su querido amigo, lo cree muerto por los perseguidores, no soportando esta situación Marianito fallece, al parecer por un paro cardiaco, que al parecer fue enterrado en ese mismo lugar, donde ya vueltos en si los hombres solo encontraron una madera de Tayanka en forma de cruz.
Fue por un vecino de la comarca, que, después de muchos meses, el padre de Marianito se entero de lo que sucedía, y, a pesar de ser anciano y estar enfermo, el padre de Marianito acudió a constatar tal hecho, al llegar al la cabaña, grande fue la sorpresa de solo encontrar a Marianito solo, y no así al hijo mayor, y le pregunto a su hijo todo lo que había pasado, este le conto que tenia un amiguito que le ayudaba a pastear el ganado y le proporcionaba pan todos los días después de encontrarse al pie del peñón; el padre quiso que Marianito averiguara el nombre y de donde era el niño que lo acompañaba. Es así que Marianito al encontrarse con su amiguito le pregunta de donde era, y este responde “De Tayankani”; y también le pregunta porque su ropa no envejecía y nunca se cambiaba, pero al día siguiente el niño aparece con el vestido roto, y le dice que no tenia otro para cambiarse, Marianito se ofrece a conseguirle uno nuevo, con misma tela de la de su anterior vestido, pero no había en esos lugares, así que Marianito encargando a sus animales, enrumba a Mahuayani, y le comenta todo a su padre, quien acepta comprarle la tela para hacer el vestido nuevo, así Marianito, marcha a Cusco para buscar la tela, llegando con el Obispo Monseñor Moscoso, quien lo envía a buscar al Párroco de Ocongate, Sacerdote Pedro de Landa; junto con una carta, en ella el Obispo instruye al Sacerdote a averiguar la procedencia de esta vestimenta, es así que el Sacerdote y una comitiva buscan sorprender a quien suponen es sacrílego, pues las prendas que vestía solo se usaban para Vestir imágenes religiosas; cuando por fin llegan cerca de la cabaña de Marianito, efectivamente ven al muchacho, pero acompañado de otro desconocido, quien despedía una luz refulgente por la cual los hombres no podían ver nada, fue entonces que el niño, huyo hacia la roquería, los hombres con el sacerdote a la cabeza lo rodean, este último, al extender las manos tocó un árbol de Tayanka, al levantar la mirada, ve que de el pende el cuerpo del Señor en momentos de agonía, con las llagas manando sangre y la vista hacia el cielo, por lo cual el sacerdote y toda su comitiva inclinan la cabeza pidiendo perdón por lo sucedido; mientras tanto Marianito que desesperado llega a ver la sangre y al no ver a su querido amigo, lo cree muerto por los perseguidores, no soportando esta situación Marianito fallece, al parecer por un paro cardiaco, que al parecer fue enterrado en ese mismo lugar, donde ya vueltos en si los hombres solo encontraron una madera de Tayanka en forma de cruz.

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